GAMEOVER física cuántica
9.11.07
16.9.07
19.6.07

Me pasa que esta vez la BIENAL
fue solo un nombre
Jueves 7 de junio
Me preguntaba como poder abordar esta 27ª Bienal de Sao Paulo, “Cómo vivir juntos”.
¿Cuál es la vara que se debe superar para generar un análisis, por lo menos creíble, de esta muestra internacional y diversa?
Me voy a dar la libertad de retornar al año 2005, en dónde fue tiempo de la 26ª Bienal, en el mismo lugar físico, pero con una proyección totalmente diferente.
Pero vamos por parte.
Llego al MAC, me propongo entrar. Primer piso, y veo nada. En el muro del fondo una serigrafía sobre fondo verde que me parece interesante, luego una foto de una chica en bikini. Luego, nada. El lugar está lleno de elementos, pero hay nada. De pronto, magistralmente aparece un altísimo muro casi infinito al cielo con miles de siluetas recortadas de color rojo. Pero más que el muro, nada. Frente a ese salón una sala pequeña. No recuerdo que había en su interior, tal vez debería revisar el catálogo.
Me dispongo a subir a nivel 2. Una bicicleta cubierta con caucho me recuerda que debo arreglar la mía.
Nivel 2 y aun nada. Una sala con una proyección en DVD, y el disco corre a saltos, como bebida sin gas.
Explorando el nivel 2. Una vuelta, otra vuelta. Nada.
Grandiosa Ana Mendieta. Me iluminó la tarde y me hizo recordar lo frágil que somos. Por fin algo que me hace sentido. La referencia de Hermann NItsch y su accionismo. me dan esperanzas en el nivel 2, pero el ataque de amnesia es fuerte. ¿Que más? Referencias de la adolescencia con el “raider” sin piernas de Shaun Gladwell y el juego visual que genera con la chica sexy proyectada simultáneamente, lo recuerdo perfecto. De hecho, me dieron ganas de patinar otra vez. Tal vez una chica exuberante me acompañe al lado, la podría sacar a pasear en un Opala, autos hermosos a mi parecer, la forma perfecta, un diseño de cortes y geometría que se extraña por estos años. Que lástima que cuando le pregunto a mi madre sobre el modelito, lo primero que pronuncia es “policial”. El resto lo propone magistralmente Mario Navarro, del cual me hubiese gustado mucho más escribir, pero en el caso, mi tema es otro.
Luego, nada. Me propuse abandonar la muestra.
Es momento de retomar lo que sucedió 2 años atrás, época en que la amnesia no me atacó. El mismo lugar físico, “Contrabandistas de imágenes”. La 26ª Bienal de Sao Paulo. Una jornada inolvidable. Una propuesta inolvidable. Un lugar de referencias a las que recurro actualmente. Un manejo de propuestas totalmente nuevas. Obras que viven por si solas, en donde el tema si bien las agrupa, también les permite vivir independientemente, sin tener título alguno. A diferencia de la muestra actual, la aplicación y capacidad de sorprender al espectador es lo que llamaría democratización del arte. Recuerdo perfecto a Milton Marques con su instalación “sin título” (que bello nombre), en donde con una cámara de video y varios elementos genera un recorrido por una maqueta y nos va mostrando detalles ajenos a nuestros ojos, por dimensiones o simplemente léxico. La aplicación es sorprendente puesto que todo no medía más de 1 m3, pero en la proyección el espacio se aumentaba con creces. La escala en este caso y la ampliación lograda con la cámara realmente sorprendían. Al igual que la aplicación en video de Julian Rosefeld, “Trilogía del fracaso Parte II: Hombre Doblado”, en donde la producción de una cinta, el tema cotidiano y la surrealidad de la misma proyección otra vez deja fuera de lugar positivamente, te dan ganas de hacer, de crear, de superar y proponer.
Retomo los títulos de los hermanos cercanos:
“Cómo vivir juntos” / “Contrabandistas de imágenes”
¿Que diferencia puede haber en estas 2 selecciones?
¿A que se atribuye el orden de curatoría y lo que eso conlleva?
¿Para quién se está haciendo arte?
¿Qué pasa si invierto los títulos de las muestras?
26ª Bienal de Sao Paulo “Como vivir juntos”
27ª Bienal de Sao Paulo “Contrabandistas de imágenes”
Me gustaría haber visitado la 25ª versión para tener una visión mucho más certera, puesto que la selección de obras es solo para Chile, en cierto modo, podría perfectamente llamarse 1ª Bienal de Santiago, generando todo el lío curatorial, revisitando teóricos, semiólogos, etc, para darle fundamento al tema de la muestra, que en este caso se basa en un título.
Si bien los temas y fundamentos teóricos son imprescindibles, las propuestas y selección de trabajos son lo que a las finales consume el espectador. La disposición, y más que nada la idea detrás de los trabajos, las maneras de presentar y representar son el mensaje, el resto es lo que lo valida. Más allá del tema, hablo de la capacidad de sorprenderse, de impactarse, de que la piel se te ponga de gallina, de generar una sonrisa. Esta última muestra peca en eso, y no tiene nada que ver con el tema, si no la capacidad de montar un imaginario que perdure en el tiempo.
Retomo la frase democratización del arte. Tiene que ver con sus espectadores.
Me pregunto si alguna vez habrán leído Roland Barthes, o si saben lo que es semiología. Que tiene que ver con esto, ¿El espectador en este caso debería investigar todo el proceso curatorial para poder entender las obras? ¿Es una muestra para tipos instruidos en el tema? Y que tema por favor, si toda la vida vivimos juntos. Los símbolos y signos no están encerrados en el museo. Y si se encierran en el museo, pues que vivan en el, y no solo sean adornos que usan espacio y justifican el movimiento de ciertas personas. Me pasa que esta vez la bienal fue solo un nombre.
Está última muestra en su tema pierde peso, y no por la base del proyecto, sino que tiene que ver con la aplicación. Apela a la cotidianeidad, pero es lo menos cotidiana. Y no es un problema de representación o presentación, si no un tema de habitar, de reconocer y sorprenderse de la cotidianeidad, de nosotros mismos, de lo que provoca la observación de las obras. Una muestra tan importante, como se le dice a la Bienal, queda en cero. Me pasó a mi, le pasó a mi acompañante, le paso a un amigo que invité, que ya había visto la muestra. Al nombrarle MAC, Bienal, se negó rotundamente. Lo que pasó es que esta vez no pudo superar a su antecesora, ¿o será que la tendencia del arte ahora va para atrás?
Me preguntaba como poder abordar esta 27ª Bienal de Sao Paulo, “Cómo vivir juntos”.
¿Cuál es la vara que se debe superar para generar un análisis, por lo menos creíble, de esta muestra internacional y diversa?
Me voy a dar la libertad de retornar al año 2005, en dónde fue tiempo de la 26ª Bienal, en el mismo lugar físico, pero con una proyección totalmente diferente.
Pero vamos por parte.
Llego al MAC, me propongo entrar. Primer piso, y veo nada. En el muro del fondo una serigrafía sobre fondo verde que me parece interesante, luego una foto de una chica en bikini. Luego, nada. El lugar está lleno de elementos, pero hay nada. De pronto, magistralmente aparece un altísimo muro casi infinito al cielo con miles de siluetas recortadas de color rojo. Pero más que el muro, nada. Frente a ese salón una sala pequeña. No recuerdo que había en su interior, tal vez debería revisar el catálogo.
Me dispongo a subir a nivel 2. Una bicicleta cubierta con caucho me recuerda que debo arreglar la mía.
Nivel 2 y aun nada. Una sala con una proyección en DVD, y el disco corre a saltos, como bebida sin gas.
Explorando el nivel 2. Una vuelta, otra vuelta. Nada.
Grandiosa Ana Mendieta. Me iluminó la tarde y me hizo recordar lo frágil que somos. Por fin algo que me hace sentido. La referencia de Hermann NItsch y su accionismo. me dan esperanzas en el nivel 2, pero el ataque de amnesia es fuerte. ¿Que más? Referencias de la adolescencia con el “raider” sin piernas de Shaun Gladwell y el juego visual que genera con la chica sexy proyectada simultáneamente, lo recuerdo perfecto. De hecho, me dieron ganas de patinar otra vez. Tal vez una chica exuberante me acompañe al lado, la podría sacar a pasear en un Opala, autos hermosos a mi parecer, la forma perfecta, un diseño de cortes y geometría que se extraña por estos años. Que lástima que cuando le pregunto a mi madre sobre el modelito, lo primero que pronuncia es “policial”. El resto lo propone magistralmente Mario Navarro, del cual me hubiese gustado mucho más escribir, pero en el caso, mi tema es otro.
Luego, nada. Me propuse abandonar la muestra.
Es momento de retomar lo que sucedió 2 años atrás, época en que la amnesia no me atacó. El mismo lugar físico, “Contrabandistas de imágenes”. La 26ª Bienal de Sao Paulo. Una jornada inolvidable. Una propuesta inolvidable. Un lugar de referencias a las que recurro actualmente. Un manejo de propuestas totalmente nuevas. Obras que viven por si solas, en donde el tema si bien las agrupa, también les permite vivir independientemente, sin tener título alguno. A diferencia de la muestra actual, la aplicación y capacidad de sorprender al espectador es lo que llamaría democratización del arte. Recuerdo perfecto a Milton Marques con su instalación “sin título” (que bello nombre), en donde con una cámara de video y varios elementos genera un recorrido por una maqueta y nos va mostrando detalles ajenos a nuestros ojos, por dimensiones o simplemente léxico. La aplicación es sorprendente puesto que todo no medía más de 1 m3, pero en la proyección el espacio se aumentaba con creces. La escala en este caso y la ampliación lograda con la cámara realmente sorprendían. Al igual que la aplicación en video de Julian Rosefeld, “Trilogía del fracaso Parte II: Hombre Doblado”, en donde la producción de una cinta, el tema cotidiano y la surrealidad de la misma proyección otra vez deja fuera de lugar positivamente, te dan ganas de hacer, de crear, de superar y proponer.
Retomo los títulos de los hermanos cercanos:
“Cómo vivir juntos” / “Contrabandistas de imágenes”
¿Que diferencia puede haber en estas 2 selecciones?
¿A que se atribuye el orden de curatoría y lo que eso conlleva?
¿Para quién se está haciendo arte?
¿Qué pasa si invierto los títulos de las muestras?
26ª Bienal de Sao Paulo “Como vivir juntos”
27ª Bienal de Sao Paulo “Contrabandistas de imágenes”
Me gustaría haber visitado la 25ª versión para tener una visión mucho más certera, puesto que la selección de obras es solo para Chile, en cierto modo, podría perfectamente llamarse 1ª Bienal de Santiago, generando todo el lío curatorial, revisitando teóricos, semiólogos, etc, para darle fundamento al tema de la muestra, que en este caso se basa en un título.
Si bien los temas y fundamentos teóricos son imprescindibles, las propuestas y selección de trabajos son lo que a las finales consume el espectador. La disposición, y más que nada la idea detrás de los trabajos, las maneras de presentar y representar son el mensaje, el resto es lo que lo valida. Más allá del tema, hablo de la capacidad de sorprenderse, de impactarse, de que la piel se te ponga de gallina, de generar una sonrisa. Esta última muestra peca en eso, y no tiene nada que ver con el tema, si no la capacidad de montar un imaginario que perdure en el tiempo.
Retomo la frase democratización del arte. Tiene que ver con sus espectadores.
Me pregunto si alguna vez habrán leído Roland Barthes, o si saben lo que es semiología. Que tiene que ver con esto, ¿El espectador en este caso debería investigar todo el proceso curatorial para poder entender las obras? ¿Es una muestra para tipos instruidos en el tema? Y que tema por favor, si toda la vida vivimos juntos. Los símbolos y signos no están encerrados en el museo. Y si se encierran en el museo, pues que vivan en el, y no solo sean adornos que usan espacio y justifican el movimiento de ciertas personas. Me pasa que esta vez la bienal fue solo un nombre.
Está última muestra en su tema pierde peso, y no por la base del proyecto, sino que tiene que ver con la aplicación. Apela a la cotidianeidad, pero es lo menos cotidiana. Y no es un problema de representación o presentación, si no un tema de habitar, de reconocer y sorprenderse de la cotidianeidad, de nosotros mismos, de lo que provoca la observación de las obras. Una muestra tan importante, como se le dice a la Bienal, queda en cero. Me pasó a mi, le pasó a mi acompañante, le paso a un amigo que invité, que ya había visto la muestra. Al nombrarle MAC, Bienal, se negó rotundamente. Lo que pasó es que esta vez no pudo superar a su antecesora, ¿o será que la tendencia del arte ahora va para atrás?
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